Volumen no es calidad: en defensa de la labor de los comunicadores

Volumen no es calidad. Así lo pensé el otro día al hablar con unos amigos sobre la necesidad de que existan espacios como (lo que históricamente ha sido) Informe Semanal. Más información no es mejor información. Es necesario que alguien la sintetice, le aporte contexto, la haga entendible. Y ahí es donde cobra más valor que nunca la comunicación.

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Hace unos días, en este mismo blog, hablaba de la necesidad de la lectura estructurada en Internet, el consumo de medios en general debe responder a un objetivo. Incluso si el objetivo pasa en exclusiva por entretenerse, el entretenimiento debe ser el mejor de los posibles, el más alineado con nuestros intereses.

En este mundo multitarea y multipantalla, en el que la atención se desvía de manera muy creciente, es necesario mantener el foco. Con la información ocurre precisamente esto. Vivimos en un momento en el que disponemos de una cantidad ingente de fuentes de información a nuestro alcance de forma gratuita.

Pero esto no quiere decir en absoluto que por ello estemos mejor informados, sino más bien que navegamos, muchas veces sin rumbo, en la marejada de la sobreabundancia de información. Esta inflación de datos nos hace a menudo perder el foco de qué es lo importante.

Desde siempre los medios han marcado la agenda, tal y como teorizó McCombs. Si no los medios, los líderes de opinión y los espacios en los que éstos se han movido tradicionalmente. Esos espacios se han ensanchado, pero no cabe duda de que sigue siendo necesaria una guía para no perderse.

Alguien que prescriba, que aclare, que contextualice. Es por ello que la profesión de comunicador, en un sentido amplio y no reducida al columnista o tertuliano de pacotilla tiene hoy más que nunca todo su sentido. No todo es igual. Ni lo complejo se explica de manera apresurada e irreflexiva. Hace falta ese espejo que mire a la realidad y la tamice de la forma en que el lector final pueda comprender implicaciones no siempre visibles de un primer vistazo. La comunicación como profesión no esta, ni mucho menos, muerta. Está más viva que nunca.

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