Una de mis aficiones desde pequeño, en los muchos viajes largos que me tocó hacer en el Peugeot 205 de mis padres, era «estudiarme» la guía Repsol, la Campsa o la del MOPU, ese ministerio de siglas cambiantes.

Ya en casa observaba con devoción el mapa de la Unión Europea. La por entonces Comunidad Económica Europea, mejor dicho. Con las ciudades de más de un millón en rojo, las de más de 500.000 en azul y las de menos de 500.000 en blanco. Así aprendí a calcular a ojo las poblaciones de ciudades y pueblos, una de mis fijaciones aún a día de hoy.

Empecé desde entonces a asimilar más y más datos «estúpidos», que todavía no comprendo por qué me resultaba gratificante conocer. Me aprendí mucho más rápido que las tablas de multiplicar los afluentes por la derecha y por la izquierda de los ríos españoles. Y, cómo no, siempre quería caer en el quesito azul del trivial. Un buen día, no hace mucho tiempo, decidí abrir un blog, Geografía Infinita, en el que explotar esta afición. La Geografía es aún a día de hoy una de mis grandes pasiones.

Una, pero no la única. La otra es el Periodismo. Del colegio, allá por cuarto de primaria, tengo mis primeros recuerdos relacionados con él. Una entrevista para un trabajo de clase con una concejal de Limpieza sobre el sistema del “pipican” –que servía para recoger los excrementos de los animales– fue mi primer contacto. También edité una revista que enviaba por correo postal a mis familiares. En aquellos años conseguí mi primer micrófono, con el que me grababa en cinta de casette.

La radio fue desde pequeño mi gran pasión. Cuando le busco explicación también la encuentro en aquel Peugeot 205. En los largos viajes, había una compañía constante: las voces que salían por los altavoces. En forma de informativos, de magacines, de programas deportivos… La radio constituía la banda sonora de aquellos interminables recorridos por la España profunda.

Cuando me regalaron mi primera cadena de música, calculo que con doce años, empecé a sintonizarla en mi cuarto. Y por ella llegué a otra de mis pasiones, la política. Las tertulias, tan frecuentes en este país, fueron la manera en que con menos edad de la habitual empecé a interesarme por temas que  a la mayoría de mis amigos les traían sin cuidado.

Cuando acabé el colegio, ya en Pamplona, había que escoger carrera. Y elegí, cómo no, Periodismo. Era la forma natural de dar salida académica a lo que me gustaba. Hubiera preferido ir directo a una redacción y aprender practicando. Pero no era una opción. En el mundo de hoy ya no existen los radiofonistas que se forjan a sí mismos. Había que estudiar. Y ya puestos a estudiar, también hice Humanidades.

Las grandes aspiraciones de trabajar en la radio se fueron materializando poco a poco, pero no del modo en que había planeado. Pasé por la Cadena Ser en Pamplona y Madrid. En una condición de eterno becario, no veía el día en que pudiera subsistir por mí mismo, así que colgué mis sueños para buscar un trabajo con el que mantenerme.

Pasé por una revista y una agencia de noticias, para después, llamado de nuevo por ese gusanillo ese inexplicable de la radio, estudiar un máster que me abriera las puertas de Radio Nacional. Allí trabajé dos años. Hasta que un buen día el contrato se acabó. Las cosas se pusieron feas. La crisis, la crisis, la crisis…

Los sueños volvieron a bajar al suelo. Pero entonces se encendió la luz. ¿Y si apostar por la comunicación corporativa? Con esa intención decidí estudiar el Máster de Comunicación Política y Corporativa de la Universidad de Navarra.

Ya con esa especialización comencé a trabajar en el departamento de Comunicación Corporativa de la multinacional española de componentes de automóviles Gestamp. Allí ejerzo a día de hoy como jefe de Prensa, encargándome de la Relación con los Medios

Al fin y al cabo los coches se cambian. Y un 205 no es eterno. Después vienen  nuevos modelos. Aunque uno siempre recuerde aquel al que le tiene tanto cariño, al final encuentra el placer de conducir en cualquier otro.

Los coches nuevos siempre tienen mejores prestaciones. Y los conductores suelen tender a conocer mejor las carreteras por las que circulan conforme pasan los años. Seguiremos circulando y lo seguiremos contando.